Recent Posts

domingo, 15 de septiembre de 2013

La poesía de Hesnor Rivera resonó en su Maracaibo



La poesía de Hesnor Rivera resonó en su Maracaibo

 
Estudiosos de las letras recitaron sus versos..
Milko Marín
viernes 02 de agosto de 2013 06:00 AM
Yesenia Rincón Castellano/ yeseniarincon@gmail.com / Maracaibo 

“La mirada mágica” de la Silvia de Hesnor Rivera “abrillantaba” la arena de toda Maracaibo en el ocaso del miércoles 31 de julio, cuando ese, su poema más reconocido, fue ofrendado desde las manos de varios poetas de la ciudad, a las manos de los luciteños y todos los que transitaron por las adyacencias la plazoleta del Museo de la Zulianidad, en Santa Lucía.
Allí en la caída de la tarde y de las flores de los árboles se congregaron poetas, docentes y amantes de las letras para honrar, con lectura de sus poemas, a Hesnor Rivera, convocados por la Secretaría de Cultura del Zulia, para conmemorar los 85 años de nacimiento de quien fue literato y subdirector de PANORAMA.
“Reconocer la trascendencia de Hesnor es uno de nuestros grandes retos. Recuperar del ostracismo a una de las figuras más deslumbrantes de Maracaibo, ciudad de libó, que bebió, que amó y odió. Su apertura de la poética regional hacia las nuevas formas de creación trató temas como la muerte, la mujer, al hombre y su soledad con una maestría de marca mayor”, argumentó el también poeta Alexis Fernández, director del Museo Rafael Urdaneta, que participó en la organización del acto junto con la Fundación para la Academia de la Gaita Ricardo Aguirre.
El periodista y locutor León Magno Montiel, moderó el actividad y destacó que Rivera es considerado el poeta más importante en la historia del Zulia.
“La poesía de Hesnor no pierde vigencia —determinó María Alejandra Ocando, asesora literaria de Secretaría de Cultura—. Los nuevos poetas debemos revisar y aprender de su obra”.
Carlo Maglione, el rostro del Emporio del Libro y escritores como Cósimo Mandrillo, José Franciso Ortiz, Berta Vega, José Gregorio Vílchez, Alicia Montero, Fernando Araujo, José Javier León, Artemio Cepeda, Sasha lópez y Adelfa Giovanni, entre otros, leyeron con admiración sus versos de Hesnor Rivera y contaron anécdotas de su vida como poeta, periodista y profesor de Literatura Española de la Escuela de Letras de La Universidad del Zulia, por cuyo pasillo caminaba, siempre vestido de traje y meditabundo, sin presunciones de su pluma iluminada.

Europeos liberados revelan verdad del ataque químico



                         
                                   
Bélgica/Italia

 

                         
                                  Europeos liberados revelan verdad del ataque químico

Los dos europeos secuestrados en Al Qusair,  por “rebeldes” sirios identificados con el ESL, cuando entraban a Damasco procedentes del Líbano acaban de ser liberados por sus capto res tras 5 meses de cautiverio. Según informaciones del diario en francés “La Libre Belgique”, el politólogo belga, Pierre Piccinin, ha revelado una conversación de sus captores, que prue ba que los terroristas fueron quienes utilizaron el gas sarín, en las afueras de Damasco. Y el periodista italiano, Domenico Quirico, en declaraciones a la Web de “La Stampa” explica que un día escucharon, en una habitación contígua, “una conversación en inglés vía Skype entre tres hombres… En el transcurso de la misma, los hombres decían que la operación con gas en los dos barrios de Damasco fue perpetrada por rebeldes para provocar y empujar a Oc cidente a reaccionar contra Bashar Al Assad”.

sábado, 6 de julio de 2013

CRÍTICA LITERARIA DEL LINGÜISTA TITO BALZA SANTAELLA



Parte del juicio crítico que Tito Balza Santaella encausa con vista al poemario “Las huestes del sosiego”; pero que dado el caso de que el poema  “Dheil” no figura en ese libro (poema al que quiere dar énfasis o fuerza de expresión), lo extrapola como un complemento de sus apuntes, según la siguiente fórmula literaria:
_______________________                                                                                            Por lo ya dicho -dice Tito Balza Santaella-, el poemario, que es expresión de amor hacia las cosas, los amigos, la tierra, el país y la vida, no tiene espacio para el amor carnal,
menos para el erotismo.
            Pero fuera de este poemario, en las páginas amarillentas de un viejo periodiquito provinciano, que las manos devotas de Olga, la fiel compañera inseparable del poeta, han conservado, leí una vez un soneto de ternura y emoción dedicado a ella.
            Y después, hace algún tiempo, tuve la fortuna de leer una joya lírica, suerte de elaboración imaginaria y del corazón, seguramente, salida de los manantiales del espíritu. Se trata de Dheil, un poema que tiene derecho propio para figurar entre las grandes creaciones de la lírica nacional. La excusa es Dheil, la diosa del aliento femenino, cantada por William Makepeace Thackeray en su novela La Feria de las Vanidades. Sobre él escribió nuestro fraterno Roberto Jiménez Maggiolo un bello artículo en Panorama, con el sugestivo título el hombre que quería robar un poema. A él los remito. Es muy cierto, Dheil es el poema que todo poeta del amor desearía haber escrito, con alguna delicada rima becqueriana, como el poema Veinte o Me gustas cuando callas de Pablo Neruda, Estar enamorados, de Francisco Luis Bernárdez, La balada de Hans y Jenny, de Aquiles Nazoa o Silvia, de nuestro querido Hesnor Rivera.
            Es un poema de verso libre y abierto. Hecho de sueños y deseos, de ternura y espera, anhelos y temores, amor y desamor, entrega y presentimientos de abandono. De nuevo el tiempo y la conciencia de la propia edad son los mayores motivos de temor:
¡Cómo te extraño, amor, cómo te espero!
A lo largo del tren donde tus alas
tienden irresistibles a ese azul
que siente el ave entre el alba y la noche
              El amante, amarrado por su tiempo y por sus circunstancias, es un sediento que espera. Todo en el poema es jeroglífico y simbólico. Las circunstancias matan la franqueza de las palabras, pero el discurso vive, cobijado entre imágenes y símbolos: el tren es la vida, el transcurso vital; el azul, las inmensas posibilidades y atractivos que en su loco afán cree servidos y a disposición de la amada, que es el ave; él es la noche; los demás, el alba.
          La amada es poetizada e identificada con las más delicadas, etéreas imágenes: ola, estela, golondrina de horizontes, todas sutiles y huidizas, inasibles, presentidas con vocación de escape y abandono, habitadora como ella es de océanos, pórticos, mares y playas, pródigos en llenar sus manos –sólo eso-, de mareas y peces y gaviotas.
Presente y cercano, es,
el trinar de tu risa. El jardín de tus rosas.
Lo temido y deseado.
      Pocas veces en la lírica nacional, lo erótico se ha disimulado con mayor delicadeza. Y pocas veces, el secreto amor de seres que no son libres, ha sido planteado con más dolorosa emoción:
Este sueño que el mar une y separa.
       Y en otra estrofa:
Lo que puede ser todo, aún por momentos,
un instante cualquiera, ya no es nada.
    Esto determina lo trágico. Cada paso del tiempo anuncia la pérdida, la lejanía, lo inevitable.
¡Y cada poco de bruma más ajena 
       Y más adelante:
Distante como ayer, hoy  y mañana,
déjame pensar en ti, algo que es mío,
aun cuando tú no lo hagas, porque es tuyo.
      Así discurre el poema formado por voces entrecortadas ante el temor de la partida, de la desaparición definitiva, del abandono. Y esta fragilidad que el tiempo y las circunstancias imponen, busca anclaje y sólo lo halla en la libertad de la memoria, en el recuerdo que es la fuerza de la voluntad reminiscente.
                             Y, si las flores pierden sus raíces;
o acaso sin saberlo, ya te has ido,
tú nada has de cambiar en mi memoria.
Mas, llenaré de recuerdos, los más dulces,
esta ausencia tuya, de olas y de alas,
para no hacer más triste mi desierto.

Tito Balza Santaella

viernes, 28 de junio de 2013

LA ROSA Y EL COLIBRÍ



 LA ROSA Y EL COLIBRÍ

Allá en la plenitud de un monte lejos,
los colores, el cerro, el medio día,
evocan un paisaje de azulejos
de rosas, colibríes; lejanía.

Fue una india princesa la del cuento
transfigurada en flor por el castigo
     de amar a un indio de innoble nacimiento,
visto en la tribu como un enemigo.

Y, así, entre unas mil cosas y entre estrellas,
las huestes hechizadas lo supieron,
y, en bello colibrí lo convirtieron,

para que al himno agrario de los pájaros
llegara a reencontrarse con su amada
entre frondas y voces de cascada.   

Manuel Martínez Acuña