Recent Posts

domingo, 5 de febrero de 2012

A LA VUELTA DEL TIEMPO ---PARTE 28---

A

 todo esto; y, haciendo cuentas de mis raíces cristianas, intentaré contar ahora -sin ninguna pretensión de orientación espiritual implícita-, el cómo, cuándo y porqué fueron perdiendo arrojo mis convicciones religiosas, a las que estaba fuertemente adherido.
            Empezaré diciendo que, todo fue del tiempo, después de pasado. Un día y otro. Una duda y otra más, se fueron sumando al barrunto, a la presunción filosófica que de un hecho al otro iba acortando la transitoriedad del juicio, y daba espacio y turno a la meditación.   
            Poco a poco fueron naciendo preguntas, apareciendo catecismos, paradojas, entre nieblas y celajes; entre la metafísica de Descartes, la Razón Pura de Kant, y Las confesiones de San Agustín; buscando a Dios. Yendo al encuentro de explicaciones que trascendieran mis afirmaciones y negaciones.
            Cómo no disentir de las propuestas de la Iglesia Católica, a la que pertenecí de buena ley, si sus teólogos no hacen sino disputarse el alma del hombre, demandándole inexcusables e incomprensibles sufrimientos en vida, para poder gozar de la presencia de su creador después de la muerte; luego de escribir miles de crónicas escolásticas y de imponer su rígida mano dogmática, tratando de justificar su ausencia absoluta ante las grandes calamidades padecidas por él, como la hambruna, las guerras, los embates climáticos, o las enfermedades.  
            Como suelen ocurrir los cambios en la naturaleza, cada una de estas cosas se fueron mezclando y vuelto a separar, en distintas proporciones, pues no había manera de lograr que fueran diferentes; que tuvieran algo nuevo que explicar.
            Así, por ejemplo, El Génesis no puede ser interpretado como lo quiere hacer ver el presbítero Álvarez Valdés, a través de una bien urdida retórica, o cambio de preguntas y respuestas, (al igual que un diálogo platónico más), sin otra finalidad que la de querer hacer evidente la presencia de un dogma, de una esencia apenas sustentada por una parábola; o por un imaginario, pintoresco e infantil relato, atribuido a un anónimo catequista hebreo, a quien unos estudios comprometidos de la época llegaron a llamar Jahvista, además de escritor sagrado.
            Como se sabe, El Génesis no propone nada; ni rivaliza, ni asume errores; afirma simplemente que “Jahvé Dios amasó al hombre con polvo del suelo, y sopló sobre sus narices aliento de vida.” Es la pintura testimonial y palpable fundida en la imagen de un alfarero; moldeada tras el designio excluyente de la creación directa de Dios. De la supervivencia del alma, y de su inmortalidad.
            Mal podría entonces el filósofo Álvarez Valdés, tener la certidumbre de no ser víctima del engaño de una bella ilusión, ni de no haberla transmitido inocentemente a sus lectores, sin una segunda intención encaminada a socavar los principios de la teoría de la evolución, de Darwin.   
            Otra de las cosas que también me hicieron pensar desde dentro hacia fuera, con mi propia razón, estuvieron girando y girando en torno de los argumentos a símili del Santo Oficio.  
            Fray Giordano Bruno, nacido a la sombra del Vesubio, ciudad de Nola, Italia, fue encarcelado durante 2.800 días y finalmente quemado en la hoguera por el Santo Oficio, acusado de dejar entrever la armonía que envolvía su visión del universo, y con él, el hombre; por sus posiciones filosóficas sobre el movimiento de la tierra y la generación del cosmos. Y, en un segundo grupo, por las tesis tenidas entonces por equivocadas respecto a Cristo, el Espíritu Santo y la Trinidad; y por pensar que, de todo aquello de lo que la iglesia cree, casi nada se puede probar. Ni siquiera lo afirmado de que el nazareno muriera de buena gana.
            Aquí creo necesario actualizar ahora, lo que fue una página de la “Expulsión de la bestia triunfante” escrita por Bruno, el héroe de un renacimiento derrotado por el oscurantismo religioso, que con profética visión ya parecía haber intuido sobre qué clase de mundo lo había condenado. Veamos lo que dijo:
            “Las tinieblas se preferirán a la luz, la muerte será juzgada más útil que la vida, nadie alzará los ojos al cielo, el religioso será considerado insano, el impío será juzgado prudente, el furioso fuerte, el pésimo bueno. Y creedme que se decidirá la pena capital para aquel que se dedique a la religión de la mente; porque se encontrarán nuevas justicias, nuevas leyes, nada se encontrará santo, nada religioso: no se escuchará cosa digna del cielo o de lo celestial. Sólo quedarán ángeles perniciosos, que mezclados con los hombres, forzarán a los míseros a la audacia de todos los males como si fuese justicia; darán materia para guerras, rapiñas, fraudes y todas las otras cosas contrarias al alma y a la justicia natural. Y, ésta será la religión del mundo.”
            Sobre esto me escribió el catedrático de la U.C.V. y, ex rector de cursillos de cristiandad, Alonso Romero Martínez, lo siguiente:
ING. ALONSO ROMERO MARTÍNEZ
         “ He leído lo que escribiste sobre Bruno, sólo que yo esas cosas las veo de otro modo. Cuando yo estudié Música y Liturgia en la Universidad Central, un curso corto que hice hace unos dos años atrás, donde se enfocaba todo al canto gregoriano, y, por lo tanto, se analizaba el comportamiento de la época, la vida monástica, el aislamiento del mundo exterior; yo intervine en una clase para decirle al profesor que no entendía cómo alguien que se preciara de religioso pudiera aislarse del mundo, cuando la iglesia tiene que ser comunitaria como lo demuestra la raíz de la palabra: ecclesia; que no se podía vivir en una forma personalizada: yo me salvo y a los demás que los parta un rayo. El concepto de comunidad, de preocuparse los unos por los otros, de la justicia en la repartición de los bienes; es lo que se desprende del mensaje evangélico. El profesor me contestó: usted está viendo eso hoy, con la mentalidad de hoy; pero es necesario transportarse para la Edad Media para entender a los Anacoretas.
        En este contexto veo lo de Bruno. Hoy vemos con horror esta persecución, y la de Galileo. De hecho la Iglesia ha rectificado estas actitudes que, sin lugar a dudas, fueron nefastas en la historia de la Iglesia. Naturalmente que también hubo corrupción en el seno clerical, y, hasta malas intenciones, cosa que ha sucedido en todas las épocas y en todas las instancias políticas y religiosas.
        Hay una cosa muy importante: La moral es cambiante, porque, si se fundamenta en cosas externas al hombre, como es Dios, depende de la interpretación que el hombre haga de ese conocimiento; como no es tangible, puede equivocarse, y de hecho así ha sido en el correr de los tiempos. Por eso Kant considera que la ética debe fundamentarse en el hombre: proceder bien porque es necesario proceder bien; el bien en sí mismo, no fundamentado en otra cosa como lo enseña la moral que es fundamentalmente religiosa, por consiguiente religada a un Ser Superior que puede castigar.
        Este pensamiento no puede indicar de ningún modo que yo haya cambiado mis creencias, porque afortunadamente yo no fui arrullado con ese canto de malignidad y contrario a todo evangelio que ocurrió en la época negra de la Iglesia, a mí me enseñaron un Dios de amor y no castigador, una Iglesia unida y fraternal. Esto que yo puedo escribir hoy aceptando a Kant, es la expresión de una racionalidad”.

Saludos, Alonso Romero Martínez

RÉPLICA AL INGENIERO ALONSO ROMERO MARTÍNEZ
            Hola Alonso: Leí con mucho interés tus comentarios o juicio crítico, sobre un breve ensayo enfocado por mí, hacia lo que fue la inmolación del filósofo, teólogo y seguidor de las teorías copernicanas, Giordano Bruno, a través de mi blog en Internet:
http://apuntesmanuel.blogspot.com.
            Ante todo debo en rigor, felicitarte, por la forma tan precisa y razonada conque logras emplazar y conducir el tema de Bruno (aludiendo por supuesto áureos reflejos de música y canto gregorianos), hasta la misma antecámara escolástica de la Edad Media; interpolando edades y lejanías, cosas que tuvieron todo lo que necesitaron para ser lo que ciertamente fueron, entre el ayer inquisitorial y el nuevo orden de cosas de hoy, impuesto al universo científico por Galileo.
            Sin embargo, cuando apuntas esta frase: “sólo que yo esas cosas las veo de otro modo”, estás, sin proponértelo, anunciando un destino platónico ideal que da pródigamente de sí, cuantos sentidos queramos darle. Estás acaso entonando el estilo y la lógica aplicada al papel de la inquisición, en tanto pasaron sus cinco siglos de historia. Por lo que cabría decir aquí, con Ortega y Gasset, que, las verdades, una vez sabidas, adquieren una costra utilitaria que las convierte a veces en recetas útiles, o, en un silencio cómplice, donde se recrea la naturaleza fugitiva de colores, tonos, formas y testimonios puramente decorativos.
            Como es por ejemplo hacer, de cuanto ocurre con Bruno, y de cuanto pasa con el otoñal y tardío perdón invocado por la iglesia de Juan Pablo II (con vista al caso Galileo); dos momentos distintos de una misma cosa. Es decir, se echa mano de la situación. Se lleva a menos la matanza alucinatoria y paranoica con formas siempre nuevas y mutables; y, ante la mirada acusadora de la historia, se sostienen tesis teológicamente atribuibles a una voluntad divina que, ante el “crimen” de herejía, justifica su objetiva dureza.
A todo esto (es justo admitirlo sin dilación), tú haces viable, dejas libre –a la vista de una moral cambiante-, la expresión de una racionalidad planteada entre ciencia y fe, iglesia y mundo.
            Ahora bien; volver a situar en el contexto histórico las prácticas, usos y estrategias represivas de la inquisición, exentas de prejuicios y sin negar la crueldad que las caracterizó, acaso pierda de suyo su sentido crítico si en verdad se llega a tomar el caso de los anacoretas citados por el profesor a que tú te refieres, como razones emblemáticas de una época que, a pesar de coincidir con el despertar del renacimiento, jamás desandará el camino que el tiempo abrió hacia delante.
            Y, por último, mi querido y apreciado monseñor; el problema no es, contrariamente a las apariencias, extirpar el fantasma de la inquisición con dialécticas románticas de vencedores y vencidos, o de excepciones generacionales (como se observa de tus precisiones dogmáticas), sino hacer que cada fase de ese espectro deje de verse legitimada por Dios, más allá de la leyenda, o de su asperísima realidad.
            No me queda más entonces sino pedirte que, en razón de la interesante y fecunda pedagogía que se desprende de tus comentarios, me concedas tu autorización, para así poder publicarlos de inmediato en mi blog http://apuntesmanuel.blogspot.com, como una réplica a mi ensayo “APUNTES”. Abrazos.
        Así he querido traer a manera de cotejo espiritual estos retazos históricos, con la esperanza por supuesto de no provocar valores equívocos en nadie, ni mucho menos insinuar abandono de creencias religiosas de quienes las tienen; pues, por el contrario, deseo que los demás logren lo que yo no he podido lograr, lleno de dudas y de contradicciones.
            Ya nada queda de aquellas comuniones de los primeros viernes, que con mi padre solía compartir. Yo como miembro del Centro de Juventud Católica de Altagracia, y él como un ferviente devoto de la Sagrada Eucaristía.
            Nada queda de aquellos padrenuestros, diez avemarías y un gloria patri del rosario, recitados a coro con mi madre en conmemoración de los quince misterios principales de la vida de Jesucristo y de la Virgen María.  
            Ni siquiera aquella oración que cada noche rezaba desde niño, antes de irme a dormir, dejó de perder su celestial inocencia.
            Pero, como el valor de las cosas no está en el tiempo que duren, sino en los momentos inolvidables que dejan sembrados en el espíritu, yo sigo recordando con mucho cariño interior, y, sin arrepentimiento alguno, toda la experiencia vivida por mí, bajo el regazo cristiano de mis padres. Sin importar además lo que trascienda de mi otra actitud, finalmente reducida a la cifra del agnosticismo. Pues mi conciencia tiene para mí, el peso inherente y necesario de lo sagrado.

lunes, 23 de enero de 2012

A LA VUELTA DEL TIEMPO -PARTE 27


  Ahora quiero contar lo que me viene a la memoria esta tarde, y, preguntarme, qué justicia parece esconderse detrás del sufrimiento de lo que vi en la televisión española, enmarcado en unas fiestas patronales –creo que de Alcalá, la Real, o de Aragón-, haciendo gala de su tradición taurina y gallística, en un carnaval de oles y de apuestas. De banderillas y de espuelas. De picadores y rejoneadores. Paseo de cuadrillas. Areneros y muleros. Etc.
    Esta actividad tiene antecedentes que se remontan a la época medieval, a la que se sabe eran aficionados, entre otros, Carlomagno y Alfonso x, el sabio; y llega hasta nuestros días paso a paso, como el vino a madurar, en la talega de lo que pareciera parte inseparable de la cultura hispánica. A dicha ocupación se le ha bautizado desde la edad de bronce, con el nombre de tauromaquia, que aparte de considerarse un arte, incluye todo el desarrollo previo al espectáculo, desde la cría del toro, a la confección de la vestimenta de los participantes, diseño y preparación de carteles. Y, cuya expresión más moderna es la de corrida de toros.
    Desde hace tiempo, la fiesta taurina ha sido objeto de controversia y debate, por considerase poco didáctica. Además, diferentes organizaciones piensan que las corridas de toros son una práctica de la crueldad con los animales. Por lo que tradicionalmente se ha abogado por su restricción o prohibición total.
    Contra esa práctica, diferentes asociaciones protectoras de animales niegan enfáticamente que, las corridas de toros, puedan ser equiparadas a una manifestación cultural, artística o deportiva, si a fin de cuentas lo que provocan es dolor, angustia, sangre y muerte. Y lo que es peor aún, puede conducir, de alguna manera, a la deshumanización de la humanidad, y, a la devastación de los principios naturales. 




¿ARTE O BARBARIE?
      Existen discrepancias acerca de si en Canarias, las corridas de toros están prohibidas por ley. La ley 8/1991 de 30 de abril señala que, su objetivo es "la protección de los animales domésticos". Ahora; según opinión del presidente del gobierno autonómico de Canarias, en aquel momento, el toro de lidia no es un animal doméstico. En cambio para la ciencia, no es una especie salvaje, sino una especie domesticada.
    Así y todo; o más allá de los valores morales que pudieran dársele a la palabra justicia, no parece llegar a tener finalmente un lugar digno en la historia, ni prometer mucho tampoco, en este caso ni en otro. De lado y lado, a lo largo del tiempo, ha tenido justificaciones y negaciones muy variadas, desde las morales, económicas, estéticas, políticas y culturales, hasta las religiosas. 
    En efecto; y como forma de insistir un poco más sobre el tema de las corridas de toros, y, de su línea de conceptos confrontados, me voy a permitir en este momento tomar un diálogo entre dos personajes de mi novela Baúles de monasterio, Huamán y el camionero Itxaso, Pág. 220, buscando con ello ampliar los criterios que privan en torno a un acontecimiento que ha despertado críticas, desatado polémicas y acordado prohibiciones de todo tipo, como un drama que acuerda razones entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal.
    Y, si por ciegos no alcanzamos a ver los relámpagos ni de cerca, tal vez podamos oír los truenos, al menos, aun cuando sea de lejos. O, si no apuntemos como una vez dijo Francois Mauriac: “No siento el menor deseo de juzgar en un mundo en el que todos hacen trampas.”
    Veamos entonces lo que dicen estos dos personajes, Huamán y el camionero filósofo, Itxaso, sobre las corridas de toros y las peleas de gallos:








     La torería y la gallística modernas, vistas a través de la sociología aplicada, parecieran tener las dos caras de una misma realidad, sometidas por supuesto al tenor del dinero contante y sonante, y, a la razón de cartapacios de cartón.
    Es por eso que he querido rescatar de entre mis viejos apuntes este tema, por creer que seguir una argumentación sobre este asunto de que mucho se ha dicho y legislado, pudiera ayudar a comprender mejor el problema, mediante un modelo estándar de razón, puesto que la razón es lo contrario de las opiniones y pareceres que se han cruzado en favor y en contra de los juegos y juicios asociados a los gallos, y corridas de toros. Lo que no quita que los aficionados de tales actividades, sigan rompiéndose la cabeza, a fin de lograr por ejemplo, que las palabras deporte, cultura y tradición, tomen cualidad sinonímica de barbarie, al respecto. 
    Pero incluso, se ha llegado a un punto más interesante aún, sobre del asunto, que de alguna manera puede sonar como una virtual justificación de la tauromaquia. Vale decir, que, existe un asombroso trabajo en el cual se estudia el estrés y los mecanismos neurofisiológicos desarrollados en el toro de lidia, realizado por el profesor Juan Carlos Illera del Portal, director del Departamento de Fisiología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid; donde destaca que el toro no sufre dolor durante su lidia (en relación con otras especies de ganado), debido a que durante esa situación de estrés, libera diez veces más betaendorfinas que un ser humano.
    ¿Hipótesis, o un insólito logro científico?