Gracias, Manuel, por permitirme disfrutas del producto de tus musas.
César
lunes, 25 de octubre de 2010
Roberto Jiménez Maggiolo
Manuel: gracias por esos dos bellos poemas que me enviastes...¿Cuándo publicamos tu otro poemario que siga a las Huestes? Un abrazo.Atte,
RJiménez M
domingo, 24 de octubre de 2010
JESÚS ÁNGEL SEMPRÚN PARRA - Comentario a Canto a la Golondrina
Poeta amigo:
Gracias por el regalo, por ese canto al ave peregrina de los tiempos y de la luz... hermoso de verdad.
Un saludo afectuoso.
JESÚS ÁNGEL
Gracias por el regalo, por ese canto al ave peregrina de los tiempos y de la luz... hermoso de verdad.
Un saludo afectuoso.
JESÚS ÁNGEL
JARDÍN DE PECES - Manuel Martínez Acuña
JARDÍN DE PECES
Recrease la noche, rueca y toma
los colores del mar, la pátina
del vino; un solsticio que pasa, y,
nuevamente el modelo,
la página del tiempo con su reloj de arena,
y la misma medida
con que la eternidad pone
sus salmos, y acostumbra
trepar la cresta,
donde la duna ondula
bajo el cielo;
a la espera de que un jardín de peces
se dé cita algún día, hasta
poblar de aletas el desierto.
Pues, como ha dicho Sófocles,
habrá siempre otras leyes superiores
a los viejos caprichos teologales.
Manuel Martínez Acuña
Mcbo. 24-10-10
sábado, 23 de octubre de 2010
CANTO A LA GOLONDRINA - Manuel Martínez Acuña
CANTO A LA GOLONDRINA
Rancia estirpe la de tus alas brunas;
nómada como el astro, golondrina,
que apresuras los hilos y devanas
distancias, horizontes, ventanales.
Arrebato de auroras, estupor
de arco iris y de viejas historias .
Si alguna vez tus alas se tornaran
de azul, color de cielo y de montaña,
¿colgarías tu nido en una extraña
torre gris, sin campanas que sonaran?
Tú evocas cosas que no se separan;
badajos, torreones, bronces, entre
corredores de nubes que no paran
de juzgar el plumaje de tu vientre,
y el oscuro remate de tus alas;
tan llenas de ansiedades e infinitos;
de mayo y sol, de junglas en tus galas.
Que aún siendo arribos de rescoldos yermos
y de hábitos y sombras monacales,
pones el sol de enero en los trigales.
Manuel Martínez Acuña
Mcbo. 23-10-10
domingo, 17 de octubre de 2010
Comentario de Iván José Salazar Zaíd a " EL PELOTÓN ZURDO"
Gracias por este relato del pelotón zurdo, es muy ameno. En el mismo, hacen referencia de los fractales de los cuales te voy a enviar un correo que trata sobre los mismos.
Un abrazo
Iván José Salazar Zaíd
Un abrazo
Iván José Salazar Zaíd
sábado, 16 de octubre de 2010
EL PELOTON ZURDO - MANUEL MARTÍNEZ ACUÑA
PELOTÓN ZURDO
Manuel Martínez Acuña
Una vez, cuando aún vivía el coronel Róger Porras Belisario, y su presencia era casi obligada en una tertulia literaria, se convino -haciendo una relación con su vida profesional-, hablar en esa velada sobre la disciplina militar y de sus reglamentos. Sobre todo, acerca del conjunto de técnicas y artes marciales a las cuales había llegado la escuela castrense en Venezuela.
Ahora bien; hacía falta saber –a causa de la importancia excepcional de sus consecuencias-, el porqué de no haberse ocupado alguien antes, de salvar de la rigidez y del tecnicismo académico, las diferencias existentes entre el soldado diestro, con su cuerpo y mano derechos -favorecido por las reglas-, y, el siniestro -que no lo había sido-, con su cuerpo y mano izquierdos.
Iniciado el tema, Porras, que estaba dotado de un gran sentido del humor, dijo, -como para no dejar muy atrás la ciencia-ficción, a la que acaso se avenía un tanto el género literario- que, no obstante parecer todo aquello parte de lo que vivió el período surrealista, no dudaba de que la premisa bien podía al menos, llegar a despertar un cierto descomedimiento interior en alguien como el sargento García, el amigo del zorro; al ver iniciarse un saludo militar con el pie izquierdo y la mano zurda en la sien, entre la frente, la oreja y la mejilla.
A partir de ese momento, nada fue en serio; puesto que se llegó hasta caricaturizar un policía maneto, tratando de sacar su pistola de una cartuchera de posición derecha.
Por lo tanto, tocó concluir conque, al igual que los fractales blanco y negro, montaña y costa, hoja y árbol, viento y lluvia, una persona zurda no tiene porqué ser diferente, de ninguna manera, ante las variaciones de la Naturaleza; ya que en tal caso no se pasaría de lo imposible a lo verdadero, sino de lo posible a lo real, según los razonamientos de Anna Freud, hija de S. Freud, sobre el yo, y los mecanismos de defensa.
Así y todo, estaba escrito, que al soldado zurdo no tendría otra opción que trancar con el pie derecho al detener la marcha, a romper con el pie izquierdo, y, a cuadrarse con el pie derecho; contrario a lo que esperaba su constitución particular.
A esa altura de la tertulia, alguien preguntó: ¿Se podría en medio de un combate, acogerse a los preceptos de la razón natural en contra del deber militar, sin incurrir con ello en desobediencia dentro de la unidad de mando?
De ninguna manera, respondió enfático el coronel Porras Belisario; como un hecho que no podía ser evitado ni lamentado.
Aquí, con esto, consideró oportuno el momento para explicarnos cómo se configuraban más o menos los cuadros del componente Guardia Nacional, al que perteneció, como sigue:
Una escuadra son 6 hombres, a cargo de un sargento II. Un pelotón son 32 hombres, a cargo de un sub-teniente o Tnte. Una compañía son 4 pelotones, a cargo de un capitán. Un batallón son 4 ó 5 compañías, a cargo de un Tnte. Coronel. Una brigada es de 2 a 5 batallones, a cargo de un general de brigada. Y, una división, son 4 ó 5 brigadas, a cargo de un general de división.
Todo lo anterior hizo que recordara una vieja película de vaqueros, protagonizada por Tom Mix, el actor más anunciado en las carteleras de cine de los años cincuenta; y, traer el caso como ejemplo.
La trama cuenta que, Tom se hizo amigo de un jefe indio que sabía andar de noche como el mapache. Su particularidad era seleccionar a los zurdos de la tribu, hasta lograr reunir unos treinta guerreros con esas características.
Todo consistía en confundir al enemigo con la forma de montar a caballo de derecha a izquierda, lanzar las flechas y disparar los rifles con la mano, el dedo y el ojo izquierdos puestos en el arco, gatillo, o mira, según correspondiese.
Finalmente, y después de hacer fiesta con el chiste del jefe indio, todos terminamos por colocarnos al lado de la izquierda militar; y, a concluir con que, si el comportamiento de la mano zurda tiene el mismo resultado del de la mano derecha, no tiene por qué no conciliarse una cosa con otra, entre las causas y sus efectos.
lunes, 11 de octubre de 2010
LAS PEQUEÑAS COSAS
LAS PEQUEÑAS COSAS
Mar océano, postigo de gaviotas,
vieja historia que eterniza el cielo;
alquimia, coros, conticinio y lunas;
hilos que llegan de un envés tejido
de mareas, de remos y de olas.
Ceremonia de azul, de lo infinito,
conque el agua bautiza la heredad
del viento, del pez, del que navega.
Y cuando todo pase, iguale o cese;
y, el silencio trascienda con el hombre,
(más, todo lo que sobre),
bien cabe entonces dar lugar, espacio,
a aquella unión de diminutas cosas
de la vida y del tiempo; y, trasladarlas
-en su hora solemne- a la palabra.
Así sabremos deletrear la historia
del hombre-niño, todavía humano,
antes de ser lanzado a la ignorancia
a través del dogma y la razón.
Manuel Martínez Acuña
9-10-10
domingo, 10 de octubre de 2010
OTOÑO EN LUGANO
Un cisne encima de crestas de olas
chispeantes, delante del monte sombrío.
(APROXIMACIÓN A LA CRÍTICA LITERARIA)
(APROXIMACIÓN A LA CRÍTICA LITERARIA)
Sobre mi brazo una abeja tardía.
El estío se ha despedido
y suena en las brasas
de hojas ardientes.
En el banco,
al lado de la pareja de novios, un anciano.
En sus ojos brillan chispas solares
de verdes ribetes de olas;
recuerdos del propio verano.
Tímidos toques del campanario vetusto,
sueltos cruzan el lago.
Mi alma forma una imagen sureña.
Henry Triet
JUICIO CRÍTICO:
Tengo para mí que el poema “Otoño en Lugano” fue compuesto a orillas del lago Hom, al sur de Suiza, en el banco de una plaza, en medio de mustias y solitarias melancolías. El poeta sabe que las rosas de la orgía se le han marchitado en la frente; y aunque aún no lleva corona de espinas, ni ignora el sentido místico de la penitencia, todavía canta canciones de amor …entre amargos rumores de suspiros.
Por eso dice:
“Un cisne encima de crestas de olas chispeantes,
delante del monte sombrío
Sobre mi brazo una abeja tardía.
El poeta tiene conciencia de que ha perdido su anterior escenario, sus madrigales ardientes. Y, a manera de confesión o excusa alude que, la pasión vive en la abeja y se siente en los hervores de la superficie; mas intuye no dar para tantas emociones profundas, como aquellas de que agua pasada no mueve molinos.
El estío se ha despedido
y sueña en las brasas
de hojas ardientes.
Intenta urdir entonces en las estaciones, en la procesión de los solsticios y los equinoccios; en la ubérrima y dulce primavera y, en las brumas del otoño, los hilos de las sensaciones; para luego pasarlos al telar del tiempo entre hojas desfogadas y brumosas memorias. De lo que solo queda el viaje de regreso y, las cenizas de unas brasas tardías.
Es el anciano sentado en un banco al lado de una pareja de novios; de dos enamorados que, buscando en la naturaleza su propio poema, hacen que el cisne, los verdes ribetes de las olas, y, un campanario vetusto, enciendan sus ojos y brillen en ellos chispas solares, “recuerdos del propio verano.”
Manuel Martínez Acuña Maracaibo 26 de noviembre, de 2004.
EL BIOMBO DE SEDA (HIROSHIMA)
EL BIOMBO DE SEDA
(HIROSHIMA)
La suerte fue echada segura de una cosa:
causaria dolor, ruido de infierno,
cadena de caídos, lava, tropel.
Pero, lejos del augusto ornamento
de los que se ocupan de ello,
de los que imperan y avasallan.
Eran una niña, un pintor, un poeta;
o, todo aquello que semeja la vida.
Luego, la comedia del Dante,
cicatriz olímpica de cuánto sigue
a la barbarie, al hongo asesino,
al little gay de Truman,
semidiós bajo y menudo.
Pero hay otros tantos,
aullando al viento, igual;
de miradas hendidas y atavismos
de lobo, que disputan
lo que con su orín ocupan,
alimentan y engendran.
¿Cómo no dudar de un mundo entonces
que, ante la retama ardiendo
al borde del abismo, cohonesta,
se solaza como una araña dócil
tras su biombo de seda;
sin que el aire se torne ya impetuoso?
¡Vaya luz que se avizora!
Manuel Martínez Acuña
Mcbo. 7 – 10 - 10
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